
Veracruz, Ver. 9 de mayo – Lo que comenzó como una promesa terminó como una lección. En la cancha del campus UVM Veracruz, el equipo local dejó escapar una ventaja de dos goles y terminó cayendo por penales (7-3) frente a la Universidad Veracruzana, en un partido que tuvo de todo: dominio inicial, remontada visitante y una definición que dolió más la manera que el resultado.
El primer tiempo pintaba de rojo. La UVM abrió el marcador con autoridad, concretando dos goles que parecían encaminar el partido hacia una victoria cómoda. Sin embargo, más allá del resultado parcial, el duelo era cerrado, casi trabado. Ambos equipos se protegían más
de lo que se arriesgaban, y en ese equilibrio, la UVM fue más efectiva.
Pero el descanso cambió todo. La UV salió a devorar el campo en el segundo tiempo, mostrando superioridad física y mental. En apenas veinte minutos, empataron el partido: un gol desde fuera del área y un penal bien cobrado bastaron para borrar la ventaja de la UVM
y sembrar el nerviosismo en sus filas.
El empate llevó el duelo a los penales. Y ahí, todo se vino abajo.
Mientras la UV mostraba sangre fría y precisión desde los once pasos, la UVM se desmoronó. Dos tiros bien tapados por el arquero veracruzano, y otro fallado de forma absurda: un intento de panenka que terminó en burla y frustración. La UV no perdonó ninguno. El marcador final: 7 a 3 en la tanda.
El golpe no fue solo numérico, fue anímico. Un partido que UVM tenía en las manos terminó en una derrota amarga, que deja lecciones duras sobre concentración, humildad y temple.
Tony Aragón
